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Redacción
Viernes, 26 de abril de 2019
Análisis de Guillermo Pérez Olivares y Juan Luis Beltrán de Fortuna Gestión

La implementación de las medidas de control en la empresa y soluciones ante la insolvencia

En este escenario la anticipación a los problemas es la clave, tanto para poder evitar, como para afrontar, situaciones de desajustes o ineficiencia en el funcionamiento de las empresas. Si los problemas surgen sin que hayan podido ser previstos o esperados, nos encontraremos en una situación de desventaja donde el margen de reacción y la posibilidad de éxito son muy reducidos.

El conocimiento de la evolución de la empresa y el negocio es esencial para poder adoptar medidas y soluciones eficaces que anticipen las contingencias, minimicen su impacto y permitan en los casos en los que la situación de insolvencia sea inevitable aplicar las medidas adecuadas para salir de ella.

Como ya comentamos en el anterior artículo (ir al enlace AQUÍ), a nadie se le escapa que estamos viviendo un momento de incertidumbre en el ámbito económico a nivel mundial que obliga a intensificar las medidas de control de las empresas ante el riesgo de que nos veamos inmersos en una nueva recesión. 

 

¿Cómo implementar estas medidas?

Sin duda alguna es necesario dotar recursos para poder realizar el diseño y la supervisión general del sistema de control de gestión. Dependiendo del tamaño y del papel que se le quiera otorgar al mismo dentro de nuestra compañía, podemos o bien contratar un controller interno o bien subcontratar las funciones que queramos implementar en nuestro negocio, como por ejemplo la elaboración y seguimiento de los indicadores financieros mediante un cuadro de mandos, aspecto como hemos comentado en otros artículos muy recomendable ya que te permite tener ciertas alertas básicas y que hace que cualquier empresa sea del tamaño que sea, se pueda permitir un cierto seguimiento por parte de profesionales externos a su empresa, papel este que ayuda siempre con una visión diferente de la situación no estando contaminado por el funcionamiento interno.

 

Estas tareas al escaparse de las estrictamente necesarias desde nuestro propio cumplimiento contable y con el ya acuciante el día a día provoca que no se desarrollen y carezcan, por lo que  los gestores de los negocios, carecerán de esta información imprescindible que hace que se pueda detectar el mal funcionamiento de nuestra empresa con anterioridad y se puedan tomar decisiones rápidas que evite males mayores ante una crisis.

 

No obstante, en ocasiones, ya sea por factores externos como la evolución del sector o del mercado en general, la empresa se ve inmersa en una situación de crisis empresarial.

 

¿Está nuestra empresa en una situación de crisis?

En estos casos, en los que la situación de la empresa ha llegado a ser de insolvencia actual o inminente, se debe tener presente que existen herramientas que el ordenamiento jurídico pone a nuestro servicio para poder solventarla.

 

Lo primero que debemos valorar es si en las condiciones actuales el negocio es rentable y en caso afirmativo si es viable. En ocasiones por cambios en el entorno o en el mercado, no estamos ante una situación que permita la reestructuración de la empresa sino ante un negocio que ya no es rentable y cuya única solución es la liquidación ordenada a través el concurso de acreedores. No olvidemos que en estos supuestos también es fundamental el análisis para tomar conciencia de que el negocio no es rentable, de cara a una hipotética responsabilidad de los administradores en el concurso y una correcta tramitación de este.

 

Nos centraremos en aquellos casos en los que el negocio siga siendo rentable pero esté en insolvencia actual o inminente. Así, puede ocurrirnos que ante un problema determinado: pérdida de un cliente del que dependemos excesivamente, financiación para un proyecto que no tuvo éxito o incluso una mejora de la capacidad de producción de nuestras instalaciones que nuestro plan de negocio no pudo absorber, nuestra compañía entre en una situación de insolvencia próxima, ¿es el fin del mundo? No ¿hay soluciones para ello? Si, es aquí donde entra la ley concursal, con las distintas alternativas dependiendo de cada situación concreta. A pesar de que las estadísticas señalan que el concurso de acreedores en la mayoría de las ocasiones no es sino un vehículo para la liquidación más o menos ordenada de la empresa, se trata de un instrumento útil y flexible que permita a las empresas y a los particulares afrontar situaciones de crisis e insolvencia, poniendo a su disposición mecanismos que ayuden a mantener la actividad, los puestos de trabajo y permitan el recobro total o parcial para los acreedores. Las principales vías serían:

  • Comunicación prevista en el artículo 5 bis de la ley concursal, con la finalidad de negociar de forma extrajudicial con los acreedores
  • Solicitud del concurso de acreedores con propuesta anticipada de convenio, con la finalidad de tramitar en el marco de un concurso de acreedores y con la intervención de un administrador concursal. Opción que supone un acuerdo con los acreedores de quitas y esperas que permitan la continuidad del negocio a pesar de los problemas existentes
  • Solicitud de concurso de acreedores. En los casos en los que a priori, aún confiando en el negocio no sea posible plantear a priori un plan de viabilidad, se puede solicitar la tramitación ordinaria de un concurso de acreedores, que intentaría en una primera fase alcanzar la aprobación de un convenio y en caso de no ser posible, la liquidación. Esta liquidación es el fin del más del 80% de los concursos tramitados, precisamente por el hecho de que el concurso no se utiliza como instrumento de reestructuración sino como última vía cuando ya la evolución de la actividad y la falta de liquidez ya es insostenible.

 

Para la elección de la que más pueda beneficiar, tanto a los socios de la compañía como al propio negocio, hay que conocer con detalle cuales son las causas que han llevado a la situación de insolvencia a un negocio rentable.

 

Todas estas opciones que hemos señalado tienen en común la necesidad de conocer los verdaderos problemas de la empresa, la rentabilidad real del negocio y la existencia de un plan de viabilidad previo que permita elaborar una estrategia de refinanciación y reestructuración eficaz que con las quitas y esperas suficientes permitan la continuidad del negocio y el repago total o parcial de la deuda. Y para todo ello el control de gestión es esencial, pues permite anticipar problemas y riesgos y actuar de manera inmediata y con un conocimiento real de la situación de la situación de la compañía. El concurso es un instrumento esencial en la reestructuración de la empresas pero para que sea verdaderamente útil es preciso actuar rápido y con una estrategia clara, sino servirá únicamente para cerrar las empresas con mayor o menor responsabilidad.

 

Análisis realizado por Guillermo Pérez Olivares y Juan Luis Beltrán de FORTUNA GESTIÓN

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