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Redacción
Viernes, 26 de julio de 2019
Análisis de los datos de la Encuesta de Población Activa del 2º semestre de 2019

La economía española despega a un ritmo ralentizado en 2019: el PIB y el consumo privado crecen al mismo ritmo alcanzando el 2% interanual

Noticia clasificada en: Economía Circular

El PIB acumula cinco trimestres sin superar el crecimiento del empleo. Eso significa que la productividad laboral (entendida en su versión más general como el PIB por persona ocupada) está en declive. Es algo que no ocurría con esa persistencia desde 2005. En el segundo trimestre de 2019, la productividad laboral media ha sido igual a la de tres años antes.

El número total de importaciones ha tenido un incremento de un 0,2% interanual, el más bajo desde junio de 2013. Por sectores, se aprecia una clara división entre la Industria (con claros signos de debilidad) frente al sector Servicios (con una tendencia evolutiva aceptable). El índice de producción industrial ha crecido en mayo un 1,8%. Sin embargo, cuando analizamos la variación media de los últimos doce meses, encontramos que la producción industrial ha disminuido un 0,4% interanual. 

 

En este caso la variación general enmascara un descenso de las compras exteriores de mercancías (-1,2%) simultáneo a una gran subida de las importaciones de servicios (+6,4%).

 

Este resultado es el reflejo de la evolución de las exportaciones de mercancías y servicios, que en el primer
trimestre sufrieron una caída del 0,5% con relación al mismo período del año previo (primera caída de las
exportaciones en siete años). Concretamente el retroceso exportador se observa en las mercancías
(descendieron un 2,4% interanual), ya que las ventas exteriores de servicios han continuado en ascenso
(+4,9%). 

 

La moderación en las importaciones también se justifica por el debilitamiento del consumo privado, que
en el primer trimestre aumentó un 1,6% interanual (el aumento más bajo de los últimos cinco años).  
El ritmo creciente de la actividad se apoyó en la inversión, que ha crecido un 4,9% interanual. Se han
expandido también las inversiones en construcción (+4,6%)y las de bienes de equipo (+7,5%). 


 
Por primera vez en los últimos cinco años, el consumo privado se ha incrementado al mismo ritmo que el
PIB (2%). Se aprecia una clara división entre la Industria (con claros signos de debilidad) frente al sector Servicios
(con una tendencia evolutiva aceptable). El índice de producción industrial ha crecido en mayo un 1,8%.
Sin embargo, cuando analizamos la variación media de los últimos doce meses, encontramos que la
producción industrial ha disminuido un 0,4% interanual. 
 

En el sector de la Industria, la debilidad se concentra en los bienes de consumo duradero (-4,3%
interanual). En cambio, los bienes de consumo no duradero se expandieron un 7,5%. Distinto es el caso de los Servicios, cuya facturación refleja por sexto año consecutivo incrementos. En mayo, el aumento interanual fue de un 3,3% por encima de la inflación. El resultado es realmente positivo, ya que las ventas de vehículos (uno de los principales motores del sector), cayeron un 2,3%.  Destacan, entre otras, las áreas de Servicios de Arquitectura e Ingeniería (13,2% interanual), Comercio al por mayor de materias primas agrarias (+11,1%) y Publicidad y estudios de mercado (+10,6%).
 

El PIB acumula cinco trimestres sin superar el crecimiento del empleo. Eso significa que la productividad
laboral (entendida en su versión más general como el PIB por persona ocupada) está en declive. Es algo
que no ocurría con esa persistencia desde 2005. En el segundo trimestre de 2019, la productividad laboral
media ha sido igual a la de tres años antes.

 

La reducción de la productividad puede deberse a que los empleos que se crean son menos productivos
que la media, a una caída en la producción de los empleos ya existentes o a una combinación de ambas
causas. En todo caso, menos productividad significa que hacen falta más personas para lograr una misma
producción, lo que se traduce en un incremento de los costes laborales por unidad producida. 

 
El nivel de formación de la fuerza de trabajo es un elemento clave, aunque muchas veces olvidado, que
influye en el funcionamiento del mercado laboral.El motivo es claro: cuanto más capacitada esté la población activa, mayores serán las probabilidades de que pueda adaptarse a cambios en el entorno económico, ya sea para pasar de una ocupación a otra, para cambiar de un sector de actividad a otro o para salir de la situación del paro. La mayor formación, entonces, tiende a hacer más flexible la fuerza de trabajo y, por lo tanto, a aumentar su empleabilidad.

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