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Redacción
Viernes, 21 de septiembre de 2018
La tasa de actividad, similar entre hombres y mujeres hasta los 30 años, incrementa su brecha hasta el 12% de media a partir de esa edad

La brecha de género salarial y el desigual reparto de las cargas familiares, un nocivo maridaje

Un estudio realizado por investigadoras de la UAH y publicado por Funcas en el monográfico de la revista Panorama social sobre ‘Brechas de género’, determina que estas discriminaciones de género en el mercado laboral, están íntima y directamente relacionadas con el agravio comparativo en la distribución de las responsabilidades familiares. Además, la misma investigación establece que las mujeres jóvenes siguen renunciando a la promoción en el trabajo cuando son madres.

¿Qué tipo de empleos ocupan las mujeres en el mercado laboral?, ¿qué efecto tiene sobre sus decisiones de participación laboral su situación familiar? A estas y otras preguntas responden en su estudio las investigadoras del departamento de Economía de la UAH, Inmaculada Cebrián y Gloria Moreno.
Nadie lo discute. La participación femenina en el mercado laboral ha avanzado mucho en los últimos años y, de hecho, entre los menores de 30 años, la tasa de actividad es similar entre hombres y mujeres pero, a partir de los 30, la brecha se incrementa hasta el 12% de media. A medida que la edad de las mujeres aumenta, la falla es mucho mayor. 

 

Y es que, como señalan las investigadoras, “cuando las mujeres trabajan lo hacen en unos puestos distintos de los que ocupan los hombres, con mayores tasas de empleo a tiempo parcial y concentrándose en determinados sectores económicos y ocupaciones. De este modo, todo ello contribuye a que los salarios medios de las mujeres sean inferiores a los de los hombres”.

 

Otra evidencia que pone al descubierto el estudio, que se sustenta en los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) para el periodo comprendido entre 2005 y 2017, es que al llegar a la maternidad muchas mujeres buscan empleos con la suficiente flexibilidad para compatibilizar familia y trabajo, dando lugar a una segregación ocupacional que concentra a las mujeres en puestos de sueldos más bajos. Por otro lado, las mujeres acumulan menor experiencia laboral a lo largo de su vida activa, trabajando menos horas o interrumpiendo su participación laboral, lo que supone una depreciación y una menor acumulación de capital humano que se traduce en una penalización salarial.

 

Hay, sin embargo, pequeños ‘brotes verdes’ en este estudio. Por ejemplo, hay menos renuncias al trabajo en la etapa de maternidad y en etapas de crisis, como la que se ha vivido en España en los últimos 10 años. “Hay un factor fundamental, que es el mayor nivel educativo de las mujeres más jóvenes frente al de las generaciones más mayores. Los datos del Ministerio de Educación muestran que en la actualidad las mujeres son mayoría tanto entre los estudiantes matriculados en grados y masteres como en los egresados. La mayor presencia de mujeres en el sistema educativo conlleva una mayor inversión en capital humano que las mujeres tratan de rentabilizar en el desempeño de un trabajo remunerado. Para las que han invertido en su formación, permanecer en el hogar y renunciar a un salario de mercado deja de ser una alternativa. Por este motivo la trayectoria ‘natural’ de las mujeres más formadas es la de acceder y permanecer en el mercado laboral a lo largo de su vida activa, frente al modelo ‘tradicional’, en el que la llegada de los hijos apartaba a las mujeres del mundo del trabajo”, explican Cebrián y Moreno.

 

En contrapartida, el proceso de incorporación al mercado laboral ha venido acompañado tanto del descenso en el número medio de hijos y  el retraso en la edad a la que se tienen estos hijos, como en la renuncia a la maternidad por parte de algunas mujeres. Porque como el informe afirma, “es cierto que la tasa de actividad de las mujeres con hijos pequeños ha venido creciendo y se ha mantenido incluso durante los años de la crisis económica, pero está aún por debajo de la de las mujeres que no tienen hijos, diferencia que no se aprecia entre los hombres porque para ellos tener o no tener hijos no modifica su presencia en el mercado laboral”.
Para las investigadoras, la mitigación de esta brecha de género en el mercado laboral pasa por el desarrollo de políticas sociales y laborales centradas tanto en el fomento del empleo y la igualdad, como en la conciliación de la vida familiar y laboral. “No se trata tan solo de que haya más mujeres trabajando, hay que lograr que no sea a costa de segregar el mercado generando empleos femeninos con peor remuneración y peores condiciones de trabajo que los hombres, ni a costa de la renuncia a la maternidad. La educación en igualdad y corresponsabilidad es también muy necesaria. Hay que fomentar la educación paritaria y disminuir la segregación en las carreras profesionales, en todos los niveles educativos incluyendo la universidad”, añaden.
Políticas de cuotas

 

¿Y las políticas de cuotas, están ayudando? En su opinión, hasta el momento, no han servido para mucho: “el ‘techo de cristal’ sigue ahí, poniendo límites al avance de las mujeres en la escala profesional. Entre otras cosas porque además de ser un sistema que sólo se exige, por ley, en las empresas más grandes, no existe un régimen que penalice a las empresas que no lo cumplan, motivos que algunas expertas consideran claves para explicar la escasa incidencia que tiene el sistema de cuotas en España”.
No obstante, concluyen que “incrementar y mejorar la participación laboral femenina tendría efectos beneficiosos tanto para las mujeres, como para la sociedad en su conjunto. Un sistema equitativo de organización del trabajo genera incrementos en la productividad laboral y trabajadores más motivados y cualificados, con efectos beneficiosos que revierten a la sociedad”

 

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