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Olga Sánchez, directora de la Asesoría Jurídica de AEDHE
Martes, 27 de mayo de 2014

Mejorar la prevención de riesgos laborales en la empresa a través de la introducción de la perspectiva de género

Cuando hablamos de aplicar la perspectiva de género en salud laboral normalmente nos viene a la cabeza la prevención de riesgos laborales respecto de la reproducción, embarazo y la lactancia natural. Esto nos lleva a olvidarnos completamente de otras cuestiones menos reguladas pero muy importantes si queremos mejorar la prevención de nuestras empresas.

[Img #2987]Solemos olvidar incidir y dar un tratamiento diferenciado a otras áreas de prevención, que pueden afectar particularmente a la mujer, como la ergonomía, los riesgos psicosociales y el riesgo químico.

Para entender por qué las mujeres están más afectadas normalmente en estas áreas hay que entender, en primer lugar, cómo está estructurado el mercado de trabajo.

Para empezar, está distribuido de manera diferente y desigual, en cuanto a porcentaje de presencia, entre hombres y mujeres, con un mayor porcentaje de hombres contratados, en general, que de mujeres. Luego, dentro de cada sector, la distribución se produce de distinta manera.

Esta distribución desigual del mercado de trabajo, que aparentemente no debería de influir en la prevención de las empresas, sí afecta. Provoca, entre otras cuestiones, la exclusión de las mujeres de los estudios epidemiológicos, el que no se las tenga  en cuenta  en los valores límites de exposición a sustancias químicas, ni  en el diseño de las herramientas, máquinas etc.  Todo ello,  porque en los diseños muestrales que se calculan  para elaborarlos, no se tienen en cuenta los parámetros referidos a la mujer, ya que no son representativos en las muestras. Por lo que en el esquema actual subyace la idea de que estudiando a la población trabajadora masculina se está estudiando a la población trabajadora general.

Por otra parte, si bien hay sectores masculinizados como el de la construcción, también hay sectores feminizados, como el sector servicios. Esto implica una distribución diferente a la hora de estar más expuestos a unos u otros riesgos laborales.

A esto hay que unirle que hay una distribución irregular de ocupaciones dentro de sectores, de manera que existe mayoría de hombres en puestos de responsabilidad, frente a una mayoría de mujeres en puestos de ejecución. Todo ello describe un contexto que nos da una idea de cómo afecta la perspectiva de género a la PRL y provoca la necesidad de introducirla al abordar el asunto. 

Respecto de la ergonomía del trabajo, la población femenina trabajadora presenta más riesgo de sufrir lesiones músculo-esqueléticas debido, por una parte, al tipo de trabajo que suele desempeñar por la realización de movimientos repetitivos, rápidos y monótonos a causa, como habíamos visto anteriormente, de la segregación vertical del mercado de trabajo, así como de su propia fisiología y parámetros anatómicos.

Por otro lado, en lo que concierne al diseño de los puestos de trabajo, la organización de los espacios y el diseño de los equipos y las herramientas, se tiene en cuenta habitualmente un modelo masculino de trabajador, en lugar de adaptarse a las condiciones de la mujer si es ésta la que desarrolla ese puesto concreto de trabajo.

Mayores riesgos psicosociales
En relación con los riesgos psicosociales, las personas que ocupan puestos de trabajo de ejecución están más expuestas a los riesgos relacionados con el bajo control, el bajo apoyo y las bajas compensaciones. En cambio, entre las personas que ocupan puestos de mando y técnicos, la prevalencia de exposición es mayor en los riesgos relativos a las exigencias del trabajo.

Las mujeres están más expuestas a los factores de riesgo psicosocial, ya que realizan con mayor frecuencia que los hombres trabajos de ejecución, en los cuales los métodos de trabajo y el diseño de tareas convierten la realización del trabajo en tareas rápidas, repetitivas y que se tienen que llevar a cabo siguiendo una pauta muy concreta. Son procesos de trabajo establecidos que no dejan margen de autonomía y decisión. Por otra parte, en estos puestos de trabajo los salarios son más bajos, ya que las competencias necesarias son menos valoradas, la promoción profesional es muy limitada y la temporalidad es frecuente, por lo que las exposiciones a inseguridad y baja estima son más prevalentes.

Asimismo, destacan las diferencias entre hombres y mujeres en la exposición a la doble presencia, lo cual implica, normalmente para la mujer  doble carga de trabajo, mayor fatiga y estrés.

Por ultimo, en determinados sectores en los que se da el riesgo químico hay que tener en cuenta que éste afecta de forma diferente al hombre y a la mujer. Se conoce a través de estudios realizados que, debido a  las  diferencias anatómicas, fisiológicas o bioquímicas, las sustancias químicas pueden afectar de una manera diferente a la población femenina. Y sin embargo una gran parte de los valores límite establecidos para la exposición a sustancias tóxicas no tienen en cuenta la posibilidad de que la respuesta toxicológica pueda ser diferente entre las mujeres y los hombres. Tampoco se tienen en cuenta las exposiciones extralaborales a las sustancias químicas, a las que normalmente están sometidas en mayor medida las mujeres que los hombres.

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