La información: el activo que más empresas ponen en riesgo.
Durante años, cuando un empresario pensaba en proteger su empresa, lo hacía
pensando en incendios, robos, daños por agua o averías de maquinaria. Eran
riesgos visibles, tangibles, fáciles de identificar y, en la mayoría de los casos,
cubiertos mediante medidas de prevención y un programa de gestion de riesgos y
seguros adecuado.
Hoy esos riesgos siguen existiendo, pero ha surgido otro que puede detener completamente la actividad de una empresa sin causar un solo daño material.
Hablamos de la información.
Cada presupuesto enviado, cada factura emitida, la base de datos de clientes, empleados, los contratos, los proyectos en desarrollo o los sistemas que permiten gestionar el negocio forman parte de un patrimonio que, aunque no pueda tocarse, resulta imprescindible para continuar trabajando.
Sin embargo, muchas empresas todavía no lo protegen con la misma atención que dedican a sus instalaciones o a su maquinaria.
Pensemos en una empresa de distribución. Un lunes por la mañana no puede acceder a su programa de gestión. No sabe qué pedidos están pendientes, qué mercancía debe salir ni qué facturas estaban preparadas para emitir. En pocas horas el problema deja de ser informático y pasa a convertirse en un problema de negocio.
La dependencia tecnológica ya forma parte del negocio
Hace apenas unos años era posible continuar trabajando durante unas horas aunque fallara un ordenador.
Hoy la realidad es muy diferente.
La mayoría de las empresas depende diariamente del correo electrónico, aplicaciones en la nube, programas de gestión, plataformas de facturación, herramientas colaborativas o sistemas de almacenamiento digital.
Cuando alguno de estos elementos deja de estar disponible, el problema ya no es únicamente informático.
Se convierte en un problema empresarial.
No pueden atenderse pedidos. No se accede a la documentación. Se paralizan procesos internos. Los clientes dejan de recibir respuestas.
Y, en muchos casos, la actividad queda completamente interrumpida.
El mayor riesgo no siempre es un ciberataque
Cuando se habla de seguridad de la información, es habitual pensar en sofisticados ataques informáticos.
Sin embargo, la mayoría de los incidentes tienen un origen mucho más cotidiano.
Un empleado que abre un correo fraudulento. Una contraseña demasiado sencilla o reutilizada. Un portátil perdido. Una copia de seguridad que nunca se comprobó. Un proveedor tecnológico que deja de prestar servicio. O simplemente un error humano.
En muchas ocasiones, el problema no es la tecnología. El problema es no haber previsto qué ocurriría si algo fallara.
Tres preguntas que toda empresa debería plantearse
Al igual que ocurre con cualquier otro riesgo empresarial, la primera medida de protección consiste en analizar la situación actual.
Antes de pensar en herramientas o soluciones tecnológicas conviene responder a tres preguntas muy sencillas.
- ¿qué información es realmente crítica para que la empresa pueda seguir
funcionando?
- ¿qué ocurriría si esa información dejara de estar disponible durante uno,
tres o siete días?
- ¿existen procedimientos para recuperar la actividad en un plazo
razonable?
Responder con honestidad a estas cuestiones permite identificar vulnerabilidades que, en muchas ocasiones, habían pasado completamente desapercibidas.
La prevención comienza mucho antes que la tecnología
Existe la creencia de que proteger la información consiste únicamente en instalar un antivirus o contratar un servicio informático.
La realidad es bastante más amplia.
La protección de la información implica definir responsabilidades, controlar quién accede a determinados datos, mantener copias de seguridad fiables, revisar los permisos de acceso, formar a las personas y establecer procedimientos claros para actuar cuando ocurre un incidente.
La tecnología es una parte importante de la solución. Pero por sí sola no elimina el
riesgo. La verdadera diferencia está en la planificación.
Gestionar la información también es Gestionar Riesgos
Cada vez más organizaciones incorporan la seguridad de la información dentro de su estrategia global de gestión de riesgos.
Existen metodologías reconocidas internacionalmente, como la ISO 27001, que proporcionan un marco para identificar los activos de información, evaluar sus riesgos y establecer controles adecuados para protegerlos.
Sin embargo, más allá de obtener una certificación, el verdadero valor reside en adoptar una forma de trabajar basada en la prevención, la mejora continua y la capacidad de responder cuando aparece un incidente.
No todas las empresas necesitan certificarse. Pero todas necesitan conocer qué información es esencial para su negocio y qué medidas resultan razonables para protegerla.
El seguro también tiene su papel
Cuando se produce un incidente relacionado con la información, muchas empresas descubren que el problema no termina cuando se recuperan los sistemas.
Pueden aparecer pérdidas económicas, interrupciones de la actividad, reclamaciones de terceros, gastos de recuperación o incluso sanciones derivadas del incumplimiento de determinadas obligaciones.
La pérdida de información no solo puede comprometer a la continuidad del negocio; también puede generar obligaciones legales y responsabilidades frente a clientes, proveedores o administraciones públicas.
En determinados casos, cuando una brecha de seguridad afecta a datospersonales, la empresa debe comunicar el incidente conforme a la normativa de protección de datos. Esa comunicación no supone automáticamente una
sanción, pero sí puede dar lugar a actuaciones de comprobación por parte de la autoridad competente para verificar si la empresa había implantado medidas técnicas y organizativas adecuadas antes del incidente.
Por ese motivo, algunas organizaciones complementan sus medidas preventivas con seguros especializados que ayudan a reducir el impacto económico de un incidente.
Del mismo modo que un seguro contra incendios no sustituye a los sistemas de detección o extinción, un ciberseguro tampoco sustituye una adecuada gestión de la seguridad de la información. Ambas medidas son complementarias
La mejor estrategia siempre comienza identificando los riesgos y reduciendo su probabilidad antes de transferir sus consecuencias.
Pensar en la continuidad del negocio
Las empresas revisan periódicamente sus resultados financieros, su estrategia comercial o sus procesos productivos.
Aun así, pocas dedican el mismo esfuerzo a analizar qué ocurriría si perdieran el acceso a la información que utilizan cada día para trabajar.
Y, sin embargo, de esa información depende gran parte de su capacidad para seguir prestando servicio a sus clientes.
Por eso, la cuestión que todo empresario debería plantearse no es si dispone de un buen sistema informático.
La verdadera pregunta es:
¿Podría mi empresa seguir funcionando mañana si hoy dejara de tener accesoa toda su información?
Responder a esa pregunta con honestidad es el primer paso para construir una organización más segura, más preparada y más resiliente.
Porque proteger la información ya no es únicamente una cuestión tecnológica.
Porque, en la actualidad, proteger la información es proteger la propia capacidad de la empresa para seguir operando.
pensando en incendios, robos, daños por agua o averías de maquinaria. Eran
riesgos visibles, tangibles, fáciles de identificar y, en la mayoría de los casos,
cubiertos mediante medidas de prevención y un programa de gestion de riesgos y
seguros adecuado.
Hoy esos riesgos siguen existiendo, pero ha surgido otro que puede detener completamente la actividad de una empresa sin causar un solo daño material.
Hablamos de la información.
Cada presupuesto enviado, cada factura emitida, la base de datos de clientes, empleados, los contratos, los proyectos en desarrollo o los sistemas que permiten gestionar el negocio forman parte de un patrimonio que, aunque no pueda tocarse, resulta imprescindible para continuar trabajando.
Sin embargo, muchas empresas todavía no lo protegen con la misma atención que dedican a sus instalaciones o a su maquinaria.
Pensemos en una empresa de distribución. Un lunes por la mañana no puede acceder a su programa de gestión. No sabe qué pedidos están pendientes, qué mercancía debe salir ni qué facturas estaban preparadas para emitir. En pocas horas el problema deja de ser informático y pasa a convertirse en un problema de negocio.
La dependencia tecnológica ya forma parte del negocio
Hace apenas unos años era posible continuar trabajando durante unas horas aunque fallara un ordenador.
Hoy la realidad es muy diferente.
La mayoría de las empresas depende diariamente del correo electrónico, aplicaciones en la nube, programas de gestión, plataformas de facturación, herramientas colaborativas o sistemas de almacenamiento digital.
Cuando alguno de estos elementos deja de estar disponible, el problema ya no es únicamente informático.
Se convierte en un problema empresarial.
No pueden atenderse pedidos. No se accede a la documentación. Se paralizan procesos internos. Los clientes dejan de recibir respuestas.
Y, en muchos casos, la actividad queda completamente interrumpida.
El mayor riesgo no siempre es un ciberataque
Cuando se habla de seguridad de la información, es habitual pensar en sofisticados ataques informáticos.
Sin embargo, la mayoría de los incidentes tienen un origen mucho más cotidiano.
Un empleado que abre un correo fraudulento. Una contraseña demasiado sencilla o reutilizada. Un portátil perdido. Una copia de seguridad que nunca se comprobó. Un proveedor tecnológico que deja de prestar servicio. O simplemente un error humano.
En muchas ocasiones, el problema no es la tecnología. El problema es no haber previsto qué ocurriría si algo fallara.
Tres preguntas que toda empresa debería plantearse
Al igual que ocurre con cualquier otro riesgo empresarial, la primera medida de protección consiste en analizar la situación actual.
Antes de pensar en herramientas o soluciones tecnológicas conviene responder a tres preguntas muy sencillas.
- ¿qué información es realmente crítica para que la empresa pueda seguir
funcionando?
- ¿qué ocurriría si esa información dejara de estar disponible durante uno,
tres o siete días?
- ¿existen procedimientos para recuperar la actividad en un plazo
razonable?
Responder con honestidad a estas cuestiones permite identificar vulnerabilidades que, en muchas ocasiones, habían pasado completamente desapercibidas.
La prevención comienza mucho antes que la tecnología
Existe la creencia de que proteger la información consiste únicamente en instalar un antivirus o contratar un servicio informático.
La realidad es bastante más amplia.
La protección de la información implica definir responsabilidades, controlar quién accede a determinados datos, mantener copias de seguridad fiables, revisar los permisos de acceso, formar a las personas y establecer procedimientos claros para actuar cuando ocurre un incidente.
La tecnología es una parte importante de la solución. Pero por sí sola no elimina el
riesgo. La verdadera diferencia está en la planificación.
Gestionar la información también es Gestionar Riesgos
Cada vez más organizaciones incorporan la seguridad de la información dentro de su estrategia global de gestión de riesgos.
Existen metodologías reconocidas internacionalmente, como la ISO 27001, que proporcionan un marco para identificar los activos de información, evaluar sus riesgos y establecer controles adecuados para protegerlos.
Sin embargo, más allá de obtener una certificación, el verdadero valor reside en adoptar una forma de trabajar basada en la prevención, la mejora continua y la capacidad de responder cuando aparece un incidente.
No todas las empresas necesitan certificarse. Pero todas necesitan conocer qué información es esencial para su negocio y qué medidas resultan razonables para protegerla.
El seguro también tiene su papel
Cuando se produce un incidente relacionado con la información, muchas empresas descubren que el problema no termina cuando se recuperan los sistemas.
Pueden aparecer pérdidas económicas, interrupciones de la actividad, reclamaciones de terceros, gastos de recuperación o incluso sanciones derivadas del incumplimiento de determinadas obligaciones.
La pérdida de información no solo puede comprometer a la continuidad del negocio; también puede generar obligaciones legales y responsabilidades frente a clientes, proveedores o administraciones públicas.
En determinados casos, cuando una brecha de seguridad afecta a datospersonales, la empresa debe comunicar el incidente conforme a la normativa de protección de datos. Esa comunicación no supone automáticamente una
sanción, pero sí puede dar lugar a actuaciones de comprobación por parte de la autoridad competente para verificar si la empresa había implantado medidas técnicas y organizativas adecuadas antes del incidente.
Por ese motivo, algunas organizaciones complementan sus medidas preventivas con seguros especializados que ayudan a reducir el impacto económico de un incidente.
Del mismo modo que un seguro contra incendios no sustituye a los sistemas de detección o extinción, un ciberseguro tampoco sustituye una adecuada gestión de la seguridad de la información. Ambas medidas son complementarias
La mejor estrategia siempre comienza identificando los riesgos y reduciendo su probabilidad antes de transferir sus consecuencias.
Pensar en la continuidad del negocio
Las empresas revisan periódicamente sus resultados financieros, su estrategia comercial o sus procesos productivos.
Aun así, pocas dedican el mismo esfuerzo a analizar qué ocurriría si perdieran el acceso a la información que utilizan cada día para trabajar.
Y, sin embargo, de esa información depende gran parte de su capacidad para seguir prestando servicio a sus clientes.
Por eso, la cuestión que todo empresario debería plantearse no es si dispone de un buen sistema informático.
La verdadera pregunta es:
¿Podría mi empresa seguir funcionando mañana si hoy dejara de tener accesoa toda su información?
Responder a esa pregunta con honestidad es el primer paso para construir una organización más segura, más preparada y más resiliente.
Porque proteger la información ya no es únicamente una cuestión tecnológica.
Porque, en la actualidad, proteger la información es proteger la propia capacidad de la empresa para seguir operando.




Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.247