Sábado, 07 de Febrero de 2026

Actualizada Lunes, 02 de Febrero de 2026 a las 09:48:44 horas

José Carrasco
Lunes, 02 de Febrero de 2026

Lecciones de historia para empresas

Si analizamos datos y reflexiones que nos ha enseñado la historia podemos aprender mucho o recordar cosas que ya sabemos pero que sin duda nos ayudarán a gestionar mejor nuestras empresas.

 

Cómo siempre se ha dicho: aquellos que no sean capaces de recordar la historia volverán a repetirla con todos sus errores. Por eso es especialmente importante no olvidar las reflexiones que durante tantos años nos ha dado la historia.

 

Por ejemplo, si analizamos los valores que el imperio romano priorizó nos encontramos con los siguientes:
Responsabilidad ciudadana, autoestima, tenacidad, austeridad, laboriosidad, buena educación, discreción y prudencia.

 

Responsabilidad ciudadana: sería el equivalente a la responsabilidad de todos en la empresa, tanto de la dirección como de toda la plantilla. Cuando en una empresa las personas son responsables todo funciona mejor, hay menos roces, hay más equipo y mejor comunicación, y esto también aplica para el trato no solo interno sino externo con proveedores y clientes. Una empresa con imagen de responsable tendrá una marca fuerte en el mercado.

 

Autoestima: es indudable que cualquier persona que trabaje en una empresa y no encuentre el sentido que le haga sentirse orgulloso de lo que hace, le quitará toda la potencia necesaria para conseguir objetivos interesantes y le restará la autoestima necesaria para afrontar una tarea tan exigente para alcanzar el éxito. Siempre se ha dicho que si no te quieres a ti mismo no podrás querer a los demás y en una empresa hace falta cariño y compartir los momentos tanto duros como dulces, y sin autoestima nadie querrá compartir nada.

 

Tenacidad: hay que ponerle valor y constancia a la labor para satisfacer a los clientes y así poder alcanzar el éxito de nuestra empresa. La gestión de los clientes requiere mucha paciencia y fuerza. Necesitamos esta poderosa energía para soportar el ritmo del día a día con la máxima excelencia y, sobre todo, para no dar ni un paso atrás, para no rendirnos en la lucha por nuestro trabajo.

 

Austeridad: hay que gestionar sabiendo invertir y vigilando los gastos, sobre todo aquellos que no sean productivos ni a corto ni a medio plazo. Y hay que generar este valor en todo el equipo humano para que todos colaboren en ello. A veces, y creo que a casi todos nos ha pasado, las ideas de algunas personas han conseguido importantes ahorros en nuestra empresa.

 

Laboriosidad: sin trabajo, sin esfuerzo suficiente, sin la dedicación necesaria no será posible alcanzar buenos resultados. Es imprescindible la suma de esfuerzos colectivos de todo el equipo para mantener la empresa en una posición sólida en el mercado. Cuando más a gusto esté la gente en una empresa, más fácil será que todos aporten. Siempre hay momentos críticos donde necesitamos que voluntariamente se solucionen las pequeñas crisis del día a día y otras no tan pequeñas.

 

Buena educación: las buenas formas, el tacto y el trato respetuoso deben formar parte del día a día para que nuestra gente se sienta plena, motivada y entendida. Es especialmente importante escucharlos y pedir sus opiniones, hacerles partícipes de la estrategia y gestión de la empresa, así como de sus objetivos. La ética debe prevalecer en las relaciones tanto internas como externas. La buena educación se crea desde el interior, pero se practica igualmente hacia el exterior. Solo así tendremos una buena imagen, imprescindible para que nuestra marca sea respetada en el mercado y produzca orgullo a la plantilla.

 

Discreción: es necesaria para saber buscar el equilibrio en nuestro equipo. Se comparten aquellas facetas que puedan comprender fácilmente todos, pero hay que seleccionar aquellos aspectos críticos que solo una parte pueda comprender y asimilar como suyos. Tanto para la comunicación interna como externa, una dosis de discreción siempre viene bien, y sobre todo no promulgar nada hasta que no sea 100 % realidad.

 

Prudencia: no se puede gestionar un negocio de forma caótica o suicida. La prudencia es necesaria para no perdernos del camino, para no cometer errores por impulsividad ni perder oportunidades por quedarnos en la parálisis del análisis. La prudencia no significa cobardía ni bloqueo, sino tener en cuenta todas las variables a la hora de tomar decisiones, especialmente las estratégicas.

 

¿Alguien se puede imaginar una empresa donde estos valores de uno de los imperios más grandes y exitosos de la historia no se apliquen y funcione?

¿Hay alguna labor más importante que inculcar valores como estos a toda la plantilla para conseguir objetivos que merezcan la pena?

¿No estaremos buscando en el lugar equivocado cuando nos dejamos deslumbrar por la tecnología y nos olvidamos de los valores universales?

 

De razones vive el hombre, de sueños sobrevive.
Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres.

 

José Carrasco
Autor del libro Cómo gestionar para perdurar
Fundador de Azelera Formación y Fersay Electrónica (enero 2026)

Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia
CAPTCHA

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.119

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.